Martes, 22 Septiembre 2026 08:50
Durante este semestre, en el Taller de Proyectos de la maestría, comenzamos a desarrollar una propuesta para Tactical Urbanism NOW! 2026. El proyecto se llama RE y, aunque todavía seguimos trabajando en él, el proceso ya me ha dejado varias reflexiones que quería registrar antes de llegar a la entrega final. Sobre todo porque, más que avanzar de manera lineal hacia una solución, el proyecto nos ha obligado constantemente a regresar, cuestionar y volver a plantear lo que creíamos resuelto.
Desde el inicio decidimos no partir directamente de un sitio ni de una forma. Antes hicimos una investigación urbana para detectar zonas vulnerables dentro de Guadalajara y reconocer espacios donde distintas problemáticas pudieran coexistir. Hablamos de calles, pero también de bordes urbanos, espacios residuales y no lugares: fragmentos de ciudad que utilizamos todos los días, aunque muchas veces pasen inadvertidos o hayan perdido capacidad de generar relaciones entre quienes los habitan.
A partir de esa lectura analizamos distintos puntos de la ciudad y encontramos uno que nos permitió hacer coincidir varias de esas condiciones. En un mismo entorno aparecen la calle, el borde y espacios que pueden leerse como no lugares, además de conflictos de movilidad, permanencia y apropiación. Por ahora prefiero no decir exactamente dónde está porque todavía seguimos desarrollando la propuesta y no quiero hacer spoilers. En aproximadamente un mes, cuando hayamos cerrado y entregado el concurso, quiero hacer otra entrada para contar el sitio, la propuesta final y, seguramente, todo lo que haya cambiado de aquí a entonces.
La primera idea casi nunca es la última
Una vez elegido el entorno comenzamos a desarrollar las primeras posibilidades de intervención. RE nació inicialmente alrededor de módulos: piezas capaces de ocupar temporalmente la calle y recibir actividades relacionadas con sombra, estancia, comercio, juego o encuentro. Generamos distintas configuraciones y durante un momento parecía que el proyecto comenzaba a encontrar una dirección bastante clara.
Sin embargo, conforme avanzaron las revisiones apareció una pregunta que terminó siendo fundamental: ¿estábamos diseñando realmente un sistema urbano o solamente una colección de objetos? La pregunta nos obligó a regresar al origen del proyecto. No significó desechar todo lo anterior, sino intentar reconocer qué había detrás de esas primeras formas y qué parte de ellas tenía realmente potencial para construir una propuesta más amplia.
Mirar el tianguis de otra manera
En ese proceso comenzamos a estudiar distintos tipos de tianguis en México. Parecía una referencia lógica para hablar de ocupaciones temporales de la calle: estructuras ligeras, cubiertas, comercio y apropiación del espacio público. Pero conforme avanzamos en la investigación entendimos que copiar sus elementos físicos sería probablemente la lectura menos interesante. Lo verdaderamente potente estaba en comprender cómo funciona.
El tianguis puede transformar completamente una calle durante unas horas y desaparecer después casi sin dejar huella física. Un espacio pensado principalmente para circular puede convertirse temporalmente en mercado, lugar de encuentro, extensión del comercio y espacio para permanecer. La arquitectura prácticamente no cambia; lo que cambia son las relaciones, las actividades y el tiempo. Ahí encontramos una idea que comenzó a reorganizar todo el proyecto: el tiempo también podía convertirse en una herramienta de diseño.
A partir de entonces dejamos de pensar tanto en el objeto que debía ocupar la calle y comenzamos a preguntarnos qué infraestructura mínima podía permitir que diferentes situaciones aparecieran. Poco a poco, la propuesta evolucionó hacia una estructura elevada capaz de liberar el espacio inferior y recibir elementos temporales desde arriba. En cierta forma comenzamos a trabajar con el ADN del tianguis, pero invirtiendo su lógica: llevar la infraestructura por encima del campo inmediato de la calle para dejar abajo un espacio mucho más abierto y adaptable.
Diseñar las condiciones
Este cambio también modificó nuestra manera de representar el proyecto. Ya no tenía mucho sentido pensar en una única imagen final porque la intención precisamente era que la calle pudiera responder de distintas formas según la hora, el día o las necesidades de quienes la utilizan. Mercado, talleres, comida, juego, encuentro, eventos o incluso una calle prácticamente vacía podían formar parte del mismo sistema sin que una actividad tuviera que imponerse permanentemente sobre las demás.
Eso me ha hecho pensar también en lo fácil que resulta enamorarnos de una imagen cuando diseñamos. Un buen render puede hacernos sentir que el proyecto está resuelto, aunque detrás todavía existan preguntas importantes. Con RE el proceso ha sido casi inverso: antes de construir una escena atractiva hemos tenido que preguntarnos cuáles son las reglas que permiten que esa escena exista y, sobre todo, qué otras escenas pueden ocurrir después.
Otra parte especialmente valiosa del ejercicio ha sido el trabajo en equipo. Compartir el proceso con dos arquitectos cuyos enfoques de proyecto son diferentes al mío y con un urbanista ha sido sumamente enriquecedor. Las discusiones no siempre llevan inmediatamente a un acuerdo, pero precisamente ahí encuentro parte del valor del ejercicio. Cada uno observa la ciudad desde preocupaciones distintas y eso obliga a explicar mejor las decisiones, cuestionar certezas propias y reconocer aspectos que probablemente trabajando de manera individual habría pasado por alto.
RE:
Hasta ahora, quizá el mayor aprendizaje de RE no está en alguna forma específica ni en una solución que podamos considerar definitiva. Está en aprender a reconocer cuándo una idea necesita seguir transformándose. Durante estas semanas hemos cambiado escalas, eliminado elementos, replanteado referencias y dejado atrás propuestas que en determinado momento parecían suficientemente fuertes. Ninguna fue inútil: cada una permitió entender con mayor precisión qué queríamos hacer y, especialmente, qué no queríamos hacer.
Por eso el nombre RE ha empezado a tener para mí un significado más amplio del que tenía cuando comenzamos. El “RE:” habla de volver a mirar la calle, pero también de revisar, replantear, reorganizar y volver a intentar. Tal vez eso sea lo que mejor resume esta etapa del proceso: entender que diseñar no siempre consiste en defender una primera idea hasta convertirla en proyecto, sino en permitir que el propio proceso te indique cuándo esa idea todavía necesita convertirse en otra cosa.
Por ahora, RE sigue abierto.
Nos vemos después de la entrega.

