Espacios liminales
por Jesús Alberto Mendoza Vázquez
Lo que un acceso también comunica
por Jesús Alberto Mendoza Vázquez
Domingo, 30 Agosto 2026 19:11

Desde que comencé la maestría he pensado mucho en cómo mi investigación está modificando mi manera de entender la arquitectura. Al principio veía la tesis y mi trabajo profesional como dos procesos que avanzaban de manera paralela. Hoy empiezo a darme cuenta de que cada vez están más relacionados.

Actualmente estoy trabajando en la intervención del edificio de posgrados del CUCSur, en Autlán. Parte del proyecto implica replantear su ingreso y la relación que el edificio establece con el exterior. Hace algunos años probablemente habría comenzado pensando principalmente en cuestiones de funcionamiento, circulaciones, imagen, materiales y accesibilidad. Ahora sigo pensando en todo eso, pero también me hago otras preguntas.

¿Quién siente que puede acercarse al edificio? ¿Quién siente que puede entrar? ¿Qué comunica un acceso antes de cruzarlo? ¿Qué hace que una persona permanezca en un espacio o simplemente pase de largo?

Son preguntas que vienen directamente de lo que he estado trabajando en mi tesis.

El edificio tiene además una historia particular. Antes fue la preparatoria de Autlán y, durante mucho tiempo, fue una de las pocas opciones de educación media superior de la población. Eso hace que muchas personas tengan una relación afectiva con el lugar. Lo recuerdan, lo reconocen y forma parte de su propia historia.

Sin embargo, me resulta interesante observar que ese arraigo no necesariamente se traduce en una apropiación física del espacio.

El lugar permanece en la memoria colectiva, pero actualmente son pocas las personas que permanecen frente al edificio o utilizan su espacio exterior. Incluso teniendo enfrente un hospital del IMSS, con un flujo constante de personas, el área inmediata al ingreso prácticamente no genera estancia.

Ahí comencé a entender con mayor claridad algunas de las cosas que he estado leyendo.

Lefebvre plantea que el espacio no se explica solamente por su forma física, sino también por las prácticas, relaciones y significados que se producen en él. En este caso existe un significado muy fuerte asociado al edificio, pero la configuración actual del acceso parece impedir que ese vínculo simbólico se transforme también en una relación cotidiana con el espacio.

En el ingreso existe además un mural que forma parte del patrimonio del centro universitario. Es una pieza que podría funcionar como un elemento de identidad y encuentro, pero actualmente se encuentra detrás de un enrejado. Está presente y puede verse, pero al mismo tiempo permanece separado de las personas.

La reja protege, pero también comunica.

Marca un límite muy claro entre quienes están dentro y quienes están fuera. Incluso sin que exista un letrero que diga “no pasar”, la propia arquitectura puede transmitir ese mensaje. Acercarse demasiado parece estar mal. Permanecer frente al acceso tampoco parece algo natural.

Ahí aparecen también las jerarquías de poder que he comenzado a reconocer a partir de mi investigación. La arquitectura puede indicar quién entra, por dónde entra, hasta dónde puede acercarse y dónde debe detenerse. Muchas veces lo hace de manera silenciosa, simplemente a través de una reja, una puerta pequeña, un cambio de nivel o un acceso demasiado controlado.

Turner me ha ayudado a pensar precisamente en esa condición del umbral. El acceso no es únicamente el punto donde termina la calle y comienza la universidad. Es un espacio intermedio donde puede ocurrir una transición. Dependiendo de cómo se configure, esa transición puede sentirse como una barrera o como una invitación.

Esto no significa que un centro universitario tenga que permanecer completamente abierto a la calle durante las veinticuatro horas. Existen necesidades reales de seguridad, control y funcionamiento que la arquitectura debe resolver. Para mí, el reto está en entender que controlar un acceso no necesariamente significa hacerlo hostil.

En el proyecto estoy tratando de traducir estos aprendizajes en decisiones arquitectónicas concretas.

Ampliar los accesos, hacerlos más visibles, incorporar mayor transparencia, permitir relaciones visuales entre el interior y el exterior, generar espacios más permeables y hacer que el límite se sienta menos rígido son pequeñas operaciones que pueden modificar la manera en que una persona percibe el edificio antes incluso de entrar.

Más que eliminar el límite, me interesa transformarlo.

Quiero que una persona que pase frente al edificio pueda sentir que ese lugar también forma parte de su ciudad. Que pueda acercarse al mural, reconocer el espacio, permanecer un momento y entender que detrás de ese acceso existe una universidad que no solamente se protege del exterior, sino que también busca relacionarse con él.

En cierta forma, estoy intentando suspender por momentos esas jerarquías tan marcadas entre quien pertenece y quien no pertenece, entre quien puede entrar y quien debe permanecer afuera.

También encuentro relación con Latour, porque ahora entiendo el acceso como una red de elementos que actúan al mismo tiempo. No es solamente la puerta. Son la reja, el mural, la banqueta, la vegetación, las personas, el hospital de enfrente, las circulaciones, las visuales y las decisiones institucionales. Todos esos elementos participan en la manera en que se construye la relación entre la universidad y la ciudad.

Quizá uno de los aprendizajes más importantes de estos meses sea precisamente ese: comenzar a observar cosas que antes no veía.

La maestría no me está enseñando solamente a investigar sobre arquitectura. Está modificando la manera en que proyecto.

Ahora entiendo que detrás de algo aparentemente tan sencillo como rediseñar el ingreso de un edificio existen historias, recuerdos, relaciones de poder, formas de apropiación y maneras distintas de sentir que pertenecemos o no a un lugar.

Y creo que ahí es donde mi investigación comienza a tener sentido fuera de la propia tesis.

Si puedo traducir lo que estoy aprendiendo en espacios más abiertos, amables y capaces de generar vínculos, entonces investigar deja de ser únicamente una actividad académica y comienza también a convertirse en una manera distinta de hacer arquitectura.}

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